¿UNA NUEVA REFORMA? – PARTE II
La maquinaria eclesial y de todas sus instituciones requiere una revisión total: No ya la Iglesia en las cuatro paredes tradicionales, sino poniendo su púlpito en medio de la escuela y universidad, en medio del campo y de la fábrica, en medio de la calle y de las instituciones sociales. Una iglesia que marcha junto al quehacer humano, amando y llorando junto al prójimo. No lanzando grandes llamados desde un escenario lejano, sino asumiendo nuestra humanidad regenerada en medio del mundo del cual somos deudores (Romanos 1:14). Del confortable banco de la iglesia al incómodo mundo mercantil, bursátil, educacional, empresarial, estatal. Del mullido confort de la reunión dominical al compromiso solemne con el doliente de la calle, del abusado en todo nivel. Del profetismo no chacotero ni meloso a una voz profética genuina. En su último libro no editado y en su último capítulo, Bonhoeffer escribió lo siguiente: La iglesia sólo es iglesia cuando existe hacia los demás…la Iglesia debe colaborar en las tareas profanas de la vida social humana, no dominando, sino ayudando y sirviendo. Ha de manifestar a los hombres de todas las profesiones lo que es una vida con Cristo, lo que significa “ser para los demás”.
Esperamos que la nueva reforma que se avecina no sea ni un programa o una línea moral nueva. No puede ser un cambio desde un religiosismo extremo a un humanismo inconsecuente. El cristianismo es verdaderamente el mejor y más real humanismo y, es en este sentido, que escuchar la voz del Espíritu va contra todo estatismo. El Espíritu quiere el uso de mi razón, quiere mi pluma ilustrada, quiere mi arte profético, quiere mi ciencia servicial, quiere mi quehacer político fecundo, quiere, en fin, que sea sal y luz en medio de lo humano.
Una nueva reforma ya no se exigirá contestar a la pregunta del siglo XVI ¿dónde encontrar a un Dios bondadoso que justifique al impío? (cf. Romanos 4:5), sino exigirá encontrarse y hablar con el hombre contestando una nueva pregunta: ¿dónde está tu hermano? (cf. Génesis 4:9). El encuentro con el joven rico en Marcos 10 llama a mirar, amar y hablar (en ese orden) (vs. 21). No deja de ser importante y de primerísima necesidad conocer a Dios; sin embargo, la nueva reforma, impulsa a conocer al hombre. El conocer de la reforma de Lutero fue una formulación fuerte de la doctrina cristiana, la nueva reforma seguirá en esa senda, pero con un énfasis fuerte en la paternidad de Dios, en nuestra identidad como hijos y en entregarle al hombre de la gran ciudad ese legado. Nuestras muchas posesiones, al igual que nuestro joven rico, podrían ser gran obstáculo para enfrentar este desafío.
Una nueva reforma no puede partir de un credo concebido con preguntas que la propia iglesia hace y con las respuestas que ella misma de antemano las tiene. Hay realidades humanas que gritan respuestas urgentes. Ya no necesitamos el dogma de la gramática para enunciar verdades, ni el laboratorio de la elite sacerdotal protestante para zanjar las dudas. Necesitamos urgente redescubrir la precariedad del hombre que se reinventa día a día para huir de su Creador. Debemos facilitarles puentes de reencuentro para que su diseño original y la intención creadora sobre su vida sean puestos ante sus ojos a través de un encuentro significativo con los sacerdotes del Dios altísimo. En este sentido, la teología puede ser de gran provecho sirviendo a la nueva reforma, convenciendo, no tanto por la seguridad de sus aseveraciones, sino por la integridad de como formule sus preguntas y también respetando los ámbitos de acción de las ciencias, ya sean históricas, lingüísticas o científicas. Este ámbito de acción de esas ciencias formula preguntas que requieren honestidad en las respuestas.
Una nueva reforma requerirá, naturalmente, escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias y al mundo. Esta sensibilidad profética es requisito necesario. Como vigilantes y embajadores de Dios podemos decir junto al profeta:
Centinela, ¿qué de la noche?
El centinela respondió: La mañana viene, y después la noche; preguntad si queréis, preguntad; volved y venid. (Isaías 21:11).
O estar atento, así como David ante la orden de su Señor:
Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de los árboles, entonces te moverás…” (2 Samuel 5:24)

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