áreas de reforma actual – parte iii

ÁREAS DE REFORMA ACTUAL – PARTE III

Teología

La reflexión de la fe, o la teología, nace precisamente cuando entro en diálogo con el mundo circundante, respondiendo las preguntas apremiantes que desafían a la fe. Nace también, cuando al interior de la misma iglesia, surgen voces disonantes y abiertamente antievangélicas que necesariamente deben ser confrontadas y erradicadas. 

Entonces todos nosotros, insertos y comprometidos en nuestros quehaceres en el mundo, no huimos de él, sino, al igual que Jeremías, cuando en medio del desastre no huyó, sino que compró un terreno con casa (Jeremías 32:1-15), así también nosotros estamos comprometidos con la ciudad doliente. 

El artista y el teólogo se nutren de la misma sabia. Aman al mundo, lo interpretan e integran en imágenes (visuales y verbales) sus descubrimientos y llamados. Ambas vocaciones son riesgosas pero compasivas, altamente sensibles que exigen empatía con el mundo e integridad de vida. 

Evangelismo

Una nueva Reforma debería tomar en cuenta que el evangelismo no puede ser de oferta y demanda, sin una preocupación completa de toda la persona. 

Es la iglesia enviada al mundo para amar, servir, predicar, llevando el evangelio a toda criatura, proclamando que hay poder en el nombre de Jesús para sanar, enseñar y liberar a los atados por el infierno. Todo tipo de esclavitud y de servidumbre humana debe llevarse a los pies del calvario. El evangelismo es la palabra hablada presentando a Jesucristo como Señor y Salvador, quien murió en la cruz por nuestros pecados, y quien resucitó y viene por segunda vez. 

Evangelismo es aquella dimensión y actividad de la misión de la Iglesia que, por medio de palabras y de acción, y a la luz de unas condiciones particulares con un contexto específico, ofrece a cada persona y comunidad, dondequiera que sea, una oportunidad válida de ser desafiada directamente a una reorientación radical de su vida. Esta reorientación implica aspectos tales como ser liberado de la esclavitud del mundo y sus poderes, ser liberado de Satanás y sus huestes y abrazar a Cristo como Salvador y Señor, llegar a ser un miembro vivo de su comunidad eclesial, alistarse en su servicio de reconciliación, paz y justicia en la tierra, y estar comprometido con el propósito de Dios de colocar todas las cosa bajo el dominio de Cristo.

Liturgia 

Hay un gran número de formas de cultos en la iglesia actual como también de una gran variedad de servicios al interior y al exterior de la iglesia local. Con esto quiero indicar la triple dimensión de la liturgia, a mi entender: Espacio, tiempo y testimonio. Es el ejercer nuestra vocación santa como sacerdotes en el mundo, y en la iglesia local como Cuerpo de Cristo. 

Tanto el espacio (lugares de reunión), el tiempo y el contenido se vuelven entonces sagrados en el sentido no de ser un “pueblo aparte del mundo”, que es precisamente el sentido que nunca la Biblia pretendió, sino en manifestar una ciudadanía santa, alegre, natural y un estilo de vida que conmueva y transforme. 

Esto hará realmente que yo me re-una con las personas. Un gran porcentaje de las personas que asisten a nuestras iglesias, no se re-unen con nadie; el tiempo es demasiado corto y el programa debe cumplirse. 

¿Por qué será que los retiros o situaciones parecidas, dejan más marcas en las personas, más sentimientos y experiencias que en la mayoría de las reuniones en nuestras iglesias? ¿No será por la participación, tiempo de calidad, sin el apuro normal de una reunión semanal y donde todos o casi todos pueden conversar, compartir y entregar sus vidas en santa comunión? 

Sacerdocio universal

El redescubrimiento que la reforma pudo constatar del sacerdocio de todos los creyentes trae aparejada la igual responsabilidad y servicio tanto de hombres como de mujeres. Cada vez más se necesita con urgencia que este sacerdocio no sea solamente letra o pancarta, sino algo efectivo. Las mujeres, en plena reforma luterana, no dejaron de ser ciudadanas de segunda categoría en el reino de Dios. Prácticamente no se hizo mucho en este sentido. En esta nueva reforma la iglesia debe demostrar su disposición a concederles a ellas lo mismo que la reforma entregó a los hombres. 

Además de lo anterior, el sacerdocio universal de los creyentes no ahonda ni segrega en virtud de lo académico. Cualquier restricción de índole línea profesional, que excluya por tal motivo a los dotados para ejercer el ministerio, solo por el hecho de no poseer estudios, peca de profesionalizar lo que entraña una alta vocación. El servicio (ministerio) en la obra de Dios es una vocación y no necesariamente una profesión. Por supuesto, esto requiere de responsabilidades y de aptitudes. La antigua reforma del siglo XVI tuvo que reaccionar ante los abusos de los pastores o clérigos que ejercían tales labores sin ninguna vocación. Ese es el motivo de la alta profesionalización que en dicha época tuvo que hacerse. Hoy día, sin embargo, y sin quitar lo “profesional” del servicio, debemos acentuar el hecho que el cuerpo de Cristo es precisamente de Él y que es Él, el que llama, capacita y envía.

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