
Otra Navidad
Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión en el Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia…nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya pues, en vosotros, este sentir que hubo también en Jesucristo, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo… (Filipenses 2:1-10).
Cada año en esta fecha, todo el mundo se vuelca en frenesí hacia los distintos centros comerciales, ferias y lugares diversos donde, ávidos, buscan regalos para sus seres queridos. Tremenda empresa humana, loable iniciativa y grandes sumas de dinero esparcidas en el comercio, son algunas marcas distintivas de esta fiesta. Esta marcha forzosa de la humanidad parece ser guiada por un espíritu que, por un instante, nos envuelve a todos. Sí, es el “espíritu navideño”. ¿Tiene que ser así? ¿Cómo surge? Y de nuevo, sale a la palestra la famosa pregunta: ¿Cuál es el verdadero sentido de la navidad?
Pero, ¿por qué debe tener un sentido la navidad? ¿Por qué debe tener un sentido algo que no tiene evidencia histórica de haber sido parte de las comunidades cristianas de los tres primeros siglos? Lo que sí es cierto y expresa un deseo explícito del Señor, es recordar su muerte hasta que vuelva por segunda vez, en lo que se llama la “cena del Señor” o la “santa cena”. Por supuesto, el hecho que no se explicite en la Biblia el recordatorio del nacimiento de Jesús, no significa no hacerlo. Pero, ¿quién marca la forma de cómo deberíamos hacerlo? ¿El mundo? ¿Las tiendas comerciales, la propaganda y publicidad? El foco se ha cambiado desde un pesebre hacia los mall, desde el silencio al ruido incesante, de la humildad a la soberbia, de la sencillez y sobriedad a un estado no común, frívolo y artificial.
No es el propósito de este breve escrito hurgar en la historia para encontrar argumentos a favor o en contra de la fecha 25 de diciembre, como tampoco demonizar esta fiesta. Sin embargo, lo que vemos es todo menos lo que ese himno del capítulo 2 de Filipenses expresa, y menos lo que ilustra el lugar donde nació Jesús: Escasez, vulnerabilidad, dependencia absoluta, precariedad, expectación, sencillez, naturaleza silvestre y animal, pastoreo y música celestial. Si las familias cristianas pudieran recordar el nacimiento de Jesús, guiados no por el espíritu navideño donde el mundo se ha embarcado, sino bajo el espíritu de Cristo que expresa ese pasaje de Filipenses ya mencionado, entonces podremos ser un poco más conscientes de la encarnación del Hijo de Dios.
Si las familias cristianas eligieran cualquier fecha del año para recordar ese extraordinario evento, y en el silencio y en la alegría de ser de Cristo, agradeciéramos al Creador por tan inmenso presente, Cristo en nosotros, beberíamos de una fuente más genuina, y entonces, un verdadero espíritu navideño nos acompañaría todo el año. Jesús se acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. El rito navideño actual no es un lugar apropiado para Jesús. Las nuevas de gran gozo es el estar con él.

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