La cena del Señor, un anticipo de gloria

1 Corintios 11:23-26 

Mateo 26:17-30; Marcos 14:12-25; Lucas 22:7-23 y Juan 13 

Mateo 26:17-30
El primer día de la fiesta de los Panes sin levadura, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que hagamos los preparativos para que comas la Pascua? Él les respondió que fueran a la ciudad, a la casa de cierto hombre, y le dijeran: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca. Voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos. Los discípulos hicieron entonces como Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al anochecer, Jesús estaba sentado a la mesa con los doce. Mientras comían les dijo: Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar. Ellos se entristecieron mucho, y uno por uno comenzaron a preguntarle: ¿Acaso seré yo, Señor? El que mete la mano conmigo en el plato es el que me va a traicionar, respondió Jesús. A la verdad el Hijo del Hombre se irá, tal como está escrito de él, pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Más le valdría a ese hombre no haber nacido. Le dijo Judas, el que lo iba a traicionar ¿acaso seré yo, Maestro? Tú lo has dicho, le contestó Jesús. Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciéndoles: Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Después tomó la copa, dio gracias, y se la ofreció diciéndoles: Beban de ella todos ustedes. Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados. Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, HASTA EL DÍA EN QUE BEBA CON USTEDES EL VINO NUEVO EN EL REINO DE MI PADRE. Después de cantar los salmos, salieron al monte de los Olivos. 

Pablo lo relata así: 

1 de Corintios 11:23-26Yo recibí del Señor lo mismo que les transmití a ustedes: Que el Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este pan es mi cuerpo, que por ustedes me entrego; hagan esto en memoria de mí. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria de mí. Porque cada vez que coman este pan y beben de esta copa, PROCLAMAN LA MUERTE DEL SEÑOR HASTA QUE EL VENGA. 

Como buen rabino seguramente Jesús tenía muy presente la fiesta de la Pascua y su significado. Egipto y el Gólgota misteriosa y extraordinariamente vinculados (Éxodo 12). 

La instrucción acerca de cómo comer la pascua es altamente simbólica y significativa. En una palabra, liberación. La narrativa y el detalle se muestran en el Antiguo Testamento que nos sirve como potente reflector para mirar el sacrificio de Cristo. Hay muerte (sangre), hay cordero, hay liberación y hay cena. La cena es la rúbrica final, es el descanso que todo ha ocurrido como debe ser y ahora lo celebramos en comunidad; es la celebración de un pacto eterno. 

El Señor va a reunir por última vez a sus discípulos y los detalles de este relato singular se nos ofrecen en los evangelios y en la carta de Pablo a los Corintios. Pero es en Juan donde se relata un hecho no considerado en los otros evangelios, el lavado de pies. Esta escena contesta a los fariseos que la autoridad es un derecho ganado por el amor y el servicio al prójimo (el próximo), donde al día siguiente, en el madero de la cruz, se inmortalizaría el amor y el servicio expresado en una forma suprema. 

Después de un tiempo este acto magnífico se desdibuja y una iglesia autocomplaciente y satisfecha en sí misma, como la de Corinto, es objeto de una carta del Apóstol Pablo donde se la denuncia carnal, a pesar de tener todos los dones. LA CENA DEL SEÑOR SE INVALIDA CUANDO LA MUERTE DEL CORDERO NO TIENE APLICACIÓN EN LA COMUNIDAD EN LAS EXPRESIONES DE AMOR Y SERVICIO. Incluso el apóstol llega a decir a esta comunidad que cuando se reúnen a cenar “esto no es comer la cena del Señor” (1 Corintios 11:20). 

Pablo recibió directamente del Señor que partir el pan era figura de ese cuerpo partido y molido que, en el relato que nos reúne hoy, el “Jueves Santo”, iba a ocurrir al día siguiente, en la persona de Jesús de Nazaret. 

Nos dice el apóstol a nosotros, que miremos al pasado, a ese Gólgota, lugar de llegada de Jesús después de haber transitado por las polvorientas calles de este mundo haciendo el bien, 

sanando, expulsando demonios y liberando de ataduras de tradiciones a muchos, donde su vida, muerte y resurrección era la ofrenda de Dios por la humanidad. “La noche que fue entregado” (1 Corintios 11:23), ahí está el pasado. Pero el “coman y beban” son imperativos del presente (1 Corintios 11:24 y 26), PERO TAMBIÉN está el futuro, “hasta que él venga” (Vs. 26). 

La Pascua de Éxodo 12 sería el timón e impulso para la marcha del pueblo de Dios por el desierto; la “Santa Cena”. En forma similar los cristianos tienen aquí un fuerte motivo para avanzar en comunidad, derribando fortalezas y cumplir la misión a cabalidad. Esta misión cristiana está tejida con la hebra del pasado, con el hilo del presente y con el cordón del futuro. Esto es relevante a la hora de reflexionar sobre la adoración: separar la adoración de lo cotidiano, de la vida del diario vivir, no tender puentes con el estudio, el trabajo, el hogar, la recreación, la música, las artes, las ciencias, etc, traerá serios problemas para el testimonio de la iglesia. Me abrazo a mi Cristo roto y colgado de un madero, pero también me abrazo el vencedor de la muerte y como Tomás, le adoro; pero también le espero. 

El Israelita miraba al pasado, a ese éxodo desde Egipto, pero transitaba con la nube y el fuego en el presente y con la esperanza de ver la tierra prometida en el futuro. 

Al participar de la cena del Señor nos estamos alistando para el combate, no solo es un ejercicio pietista dominguero. Es compromiso solemne, consciente y duradero. “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1 Corintios 11:27-34)

Ese pan partido, figura del pan del cielo, es entregado para amarse en comunidad y para darse a los demás. El pueblo judío fracasó estrepitosamente en esto, pues se volvió hacia adentro, cual fuerza centrípeta y por eso, en este nuevo Israel, ya a punto de formarse desde el costado del Cordero inmolado, nacerá un ejército de hombres y de mujeres que como la fuerza centrífuga, llevará este pan a las naciones. 

Lucas 22 nos repliega y nos conecta nuevamente con la escena de ese momento. Es una Cena con un cierto rigor secreto. El versículo 10 de este capítulo, parece algo chistoso pero al mismo tiempo solemne: “Jesús les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Casi una narrativa de espionaje. No sabemos si ya estaba hablado y acordado; solo sabemos que al igual que la orden que se dio a los discípulos de buscar un asno, aquí también hay muestras de señorío y de un plan detallado en la mente de Jesús. Estaban en plena fiesta de pascua, tal como algún día todos nosotros nos sentaremos con el Rey en la cena de las Bodas del Cordero, al final de las edades (Apocalipsis 19:7-8). Quizás escucharemos lo mismo que el Señor les dijo a sus discípulos, abriendo su corazón y soltando su sentimiento: “¡CUÁNTO HE DESEADO COMER CON VOSOTROS ESTA PASCUA ANTES QUE PADEZCA! (Lucas 22:15) 

Sentimiento puro, experiencia del momento, pero también realidades teológicas de la mano. No se queda en el sentimiento, aprovecha ese instante emotivo y clava la verdad en las mentes de sus amigos: Porque os digo que no la comeré más HASTA QUE SE CUMPLA EN EL REINO DE Dios. Una versión interesante dice: “No la volveré a comer hasta que junto a ustedes se descubra el verdadero significado de todo esto en las bodas del Cordero”. 

No debiera haber divorcio entre sentimientos y emociones con la reflexión teológica. Sentimiento más teología en el marco del plan salvador, ¡qué trío! Como se ha dicho, “Cristo ilustra la forma de hacer teología en el marco de una experiencia íntima y colocando esta experiencia en el contexto del plan redentor”. 

Sus palabras, “según lo que está determinado” (Lucas 22:22), van después de dar gracias (Lucas 22:17) y entre estas dos expresiones, la evidencia del traidor (Lucas 22:21). ESTE NO PUEDE DAR GRACIAS, PUES SU COMUNIÓN CON EL SEÑOR ES SÓLO FÍSICA, NO HAY ACERCAMIENTO ÍNTIMO NI ESPIRITUAL; NI TAMPOCO PUEDE VER EL FUTURO. Este agrio momento se endulza con el himno (Mateo 26:30). Van cantando y ¡Jesús canta ante la inminente muerte!, como un presagio de miles de creyentes que cantarían en el futuro y aún hoy antes sus verdugos crueles y ciegos. 

Salieron al monte. Escenas de montes y jardines, de cimas y valles. Ahora, antes de morir va al monte de los Olivos. Pareciera que el monte evoca cima y mirada escatológica y el jardín agonía y mirada compasiva. Edén, Sinaí, Carmelo, Moriah, Tabor, Hermón, Gólgota, Getsemaní, jardín de la Tumba. Dios es el libretista y Cristo el actor protagónico por excelencia. ¡Formidable mi Cristo! 

Pero,  ¿y nosotros? 

¿Seremos meros espectadores o participantes del drama? 

Jueves santo, a un paso de dar a luz un viernes de tinieblas. Estamos en pleno huracán. 

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